Calcula aquí tu huella ecológica

Interesante página web la de myfootprint.org que nos permite calcular nuestra huella ecológica a través de unas preguntas y saber cuantos planetas serían necesarios si todo el mundo fuera como nosotros.

La huella ecológica es un indicador agregado definido como «el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico de forma indefinida». Su objetivo fundamental consiste en evaluar el impacto sobre el planeta de un determinado modo o forma de vida y, consecuentemente, su grado de sostenibilidad.

La ventaja de la huella ecológica para entender la apropiación humana está en aprovechar la habilidad para hacer comparaciones. Es posible comparar desde las emisiones de transportar un bien en particular con la energía requerida para el producto sobre la misma escala (hectáreas).

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¿Cuánto tardan en degradarse los desechos?

A menudo, hablamos de residuos, de desechos. Pero ¿somos conscientes de lo contaminantes que son? Hay muchos tipos de residuos. Algunos son muy peligrosos, como los químicos. Otros tardan miles de años en descomponerse, como el plástico.

Deberíamos pensar en ello cada vez que arrojamos algo a la basura. Incluso cuando lo tiramos al contenedor para su reciclaje, ya que el residuo menos contaminante es el que no se produce. Más aún si se tira en la naturaleza o a la acera. ¿Cuánto tiempo tarda en degradarse una colilla de cigarrillo? ¿Y un chicle?

Así pues, ¿cuánto tiempo tardan en descomponerse los residuos? Veamos algunos ejemplos:

1 año. Es lo que tarda en degradarse el papel, compuesto básicamente por celulosa. Pero tiene otros componentes más difíciles de “digerir” por la naturaleza. Si queda sobre tierra y llueve mucho, se degrada antes. Aunque siempre será mejor reciclarlo para evitar la deforestación.

5 años. Es lo que tarda en desaparece un chicle. Además, por acción del oxígeno, se vuelve duro. Con tiempo, varios años, se desquebraja y desaparece.

10 años. Las latas de aluminio (cerveza, refrescos, zumos, etc.). Una lata tiene acero recubierto de barniz y de estaño. Se necesita mucha lluvia y humedad para que el óxido la cubra totalmente y, después, desaparezca. Además, el aluminio es un material que se puede recuperar casi por completo.

Los vasos desechables de polipropileno (que contaminan menos que los de poliestireno) también tardan una década en degradarse. El plástico queda reducido a moléculas sintéticas, invisibles, pero presentes.

30 años. Los envases tetrabrik están compuestos en un 75% por celulosa, un 20% por polietileno puro de baja densidad y un 5% de aluminio. Lo que tarda más en degradarse es el aluminio. La celulosa, al aire libre, desaparece en poco más de un año.

Las lacas y espumas también tardan varias décadas. Su estructura metálica hace que resistan a la degradación natural.

100 años. Los mecheros, de acero y plástico, pueden tardar un siglo en desaparecer. El plástico, sobre todo. Es muy contaminante y no se degrada fácilmente. Además, algunos modelos contienen mercurio y otros zinc, cromo, arsénico, plomo o cadmio.
El plástico y las pilas, los peores desechos

150 y 300 años. Las bolsas de plástico tardan unos 150 años en degradarse. Por eso es importante reutilizar bolsas de tela o cartón una y otra vez o, en todo caso, usar bolsas de bioplástico que se degradan de forma natural.

Las zapatillas pueden estar compuestas de cuero, tela, goma y espumas sintéticas. Tienen, por tanto, varias etapas de degradación. Lo primero que desaparece son las partes de tela o cuero. Los materiales sintéticos no desaparecen, sólo se reducen.

Las muñecas también son objetos de plástico y tardan en desaparecer. Los rayos del Sol logran dividir estos objetos en moléculas pequeñas, un proceso que puede durar cientos de años.

500 a 1.000 años. Las pilas, si no se tratan adecuadamente, pueden ser muy contaminantes. Con un peligro añadido. Si la capa protectora que las recubre se degrada, se liberan los metales que contiene y puede comenzar un proceso de contaminación. El mercurio es el metal más nocivo contenido en las pilas. Si entra en contacto con el agua, se produce metil-mercurio, compuesto que se concentra en la cadena alimentaria produciendo graves desórdenes del sistema nervioso en los seres vivos. Según estudios especializados, una pila de mercurio puede contaminar 600.000 litros de agua, una de zinc-aire, 12.000 litros, una de óxido de plata, 14.000 litros, y una pila común, 3.000 litros.

Las botellas de plástico, lo sabemos bien, son de los objetos más contaminantes. Prueba de ello son las terribles islas que se están formando en los océanos. La mayoría están fabricadas con tereftalato de polietileno (PET), un material que los microorganismos no pueden atacar.

4.000 años. Las botellas de vidrio pueden ser testigos de excepción del paso de todo ese tiempo. Son, en cualquiera de sus formatos, objetos muy resistentes. Con un golpe, se rompen, sí, pero esos pequeños trocitos permanecen en la naturaleza casi para toda la eternidad. Al menos, para la eternidad de nuestra vida, la de nuestros nietos, biznietos… Además, es reciclable al 100%.

Vía: ecologiaverde.com

Suiza, modelo excelente para la gestión de residuos

Por mucho que los suizos reciclen y sí que lo hacen en forma masiva, siempre van a sobran desechos que deben ser eliminados de alguna manera. Las dos clases de residuos son los residuos sólidos municipales y los desechos peligrosos. Los residuos sólidos están compuestos básicamente de la basura doméstica y la industrial; los desechos peligrosos son residuos químicos, contagiosos o, simplemente, basura tóxica.

Los suizos cuentan con dos procedimientos para la eliminación de los residuos: son incinerados (combustión o incineración) o se amontonan (escombrera). La basura es examinada y segregada para luego ser transportada a la planta de incineración en el caso que se incinera, o bien a los vertidos de residuos en el caso que se los deposita.

Residuos municipales

Desde hace más de 10 años, específicamente desde enero del 2000, todos los residuos no reciclables y la basura combustible deben ser quemados en plantas de combustión. En el año 2004, la capacidad de incineración de las plantas existentes en Suiza alcanzó 3,29 millones de toneladas anuales. Esto significa que ya no se necesitan escombreras públicas en Suiza para el depósito de desechos. Hay suficientes plantas incineradoras para satisfacer la demanda.

En los últimos años, la industria de la generación de los residuos ha conseguido reducir considerablemente la emisión contaminante de las plantas de incineración, mejorando por tanto el impacto ambiental de la incineración en Suiza.

Generando energía de la basura

En Suiza, las empresas encargadas del tratamiento de los residuos también generan energía: las 28 plantas en Suiza generan energía eléctrica suficiente para 250.000 hogares. Esto supone un ahorro energético de unas 215.000 toneladas de gasóleo de calefacción por año.

Pero no sólo la incineración de residuos municipales contribuye a la producción de energía ecológica en Suiza. La industria de cemento, por ejemplo, elimina combustibles industriales como el petróleo usado o disolventes, que resultan de la producción del cemento, para cubrir gran parte de sus propias necesidades energéticas.

Sin embargo, el marco legal para estos procedimientos autoabastecedores de energía es muy restrictivo, ya que define con estricta claridad qué tipos de basuras pueden quemarse y cuáles no.

Los Suizos, expertos en el Reciclaje

Los suizos son campeones en el reciclaje. En el 2003, el 47% del total de los desechos urbanos fue reciclado, un nuevo record suizo. Reciclaron el 70% del papel, el 95% del vidrio, el 71% de las botellas de plástico, el 85-90% de las latas de aluminio y el 75% de la hojalata.

Pero no sólo personas individuales se ocupan del reciclaje, también empresas grandes como los Ferrocarriles Federales Suizos (FFS) contribuyen al reciclado de la basura. Para garantizar la limpieza en los trenes, los FFS emplean en total a 1.500 personas que se encargan de limpiar los vagones. Los desechos son separados y, si es posible, reciclados.

Cada año son:

2,5 millones de botellas de plástico (que recicladas proporcionan materia prima para 276.000 camisetas y 39.500 sacos de dormir).

2 millones de latas de aluminio (que recicladas proporcionan 116 toneladas de bauxita)

3.680 toneladas de periódicos y revistas son recicladas.

Vía: natura-medioambiental.com