Identifican 75 áreas prioritarias en Chile para proteger aves marinas

Birdlife creó un atlas mundial que establece más de 3.000 zonas oceánicas esenciales para la supervivencia de aves marinas. Varios de estos lugares están en el país. El mapa busca servir de base para que los gobiernos locales protejan estas zonas.

El petrel de Juan Fernández sólo vive en la isla Alejandro Selkirk. Mide 40 centímetros y hoy está severamente amenazado por la depredación de especies introducidas (gatos y ratas) y, en gran parte, por la pérdida de su hábitat oceánico. Esto explica que el entorno del archipiélago haya sido propuesto como una de las 75 áreas marinas claves que Chile debería resguardar para proteger su biodiversidad ornitológica marina, según el último Atlas en Línea de Conservación de Aves Marinas lanzado el pasado martes por Birdlife International, la principal organización mundial de protección de aves.

La organización creó un mapa virtual (www.birdlife.org) con más de 3.000 lugares marinos en el planeta catalogados como Area Importante para la Conservación de las Aves (AICA o Important Birds Area, IBA, su sigla en inglés) con la idea que el atlas ayude a los gobiernos locales a establecer planes y zonas de protección de estas especies. Por ejemplo, dónde decretar zonas de protección de flora y fauna en el mar o dónde permitir aerogeneradores marinos o exploración de petróleo y gas.

De hecho, el croquis nacional será enviado a las autoridades chilenas (Ministerio de Medio Ambiente, por ejemplo) para que determinen cuándo y cómo utilizar la información proporcionada por Birdlife.

Patricio Ortiz es miembro de Comité Nacional Pro Defensa de la Fauna y Flora (Codeff), organismo que representa a Birdlife en el país, y coordinador nacional del Programa IBAs-Flyways Chile. Junto a diferentes expertos nacionales, Ortiz fue también el encargado de realizar el primer catastro de IBA en el país, que culminó en 2011 y que estableció 176 de estos sitios en Chile. El experto aclara que lo que hizo ahora Birdlife, tomando estudios internacionales y la ayuda de un gran número de especialistas chilenos, es proponer 75 nuevas zonas, pero sólo marinas. “En el caso de Chile, se consideraron las islas que ya habíamos establecidos como IBA terrestres y las ampliaron con diferentes metodologías y modelos de estudios para cada especie, determinando cuánto es lo que necesitan de superficie en alta mar para poder autoalimentarse y alimentar a sus polluelos (zonas de alimentación en alta mar colindantes a sus sitios de cría o descanso). Esto es lo que finalmente termina siendo una IBA marina: una colonia de aves en tierra y mar adyacente que les sirve para alimentarse”, explica Ortiz.

Entre las zonas propuestas destacan los acantilados de Arica, las bahías de Coquimbo y Mejillones, las desembocaduras de los ríos Biobío y Maipo, las islas Alejandro Selkirk, Choros, Damas y Punta de Choros, el Parque Nacional Cabo de Hornos, entre otros.

Para definir estas áreas marinas y terrestres, explica Ortiz, Birdlife estableció varios criterios: que en la zona haya especies amenazadas o un gran número de especies que se congregan en el lugar, o que el área sea una extensión al mar desde colonias de nidificación y lugar donde las aves buscan alimentos, entre otras.

“Lo que se ha hecho en el atlas es proponer una extensión al mar de los límites de la IBA, sobre la base a datos acerca del radio de forraje (zona de alimentación) de las especies que nidifican. Pero también hay nuevos sitios propuestos, sobre todo los pelágicos (alta mar), que han sido identificados sobre la base de un análisis de datos de telemetría de las aves (medición a distancia de su movimientos), principalmente de albatros”, precisa a La Tercera Robert Clay, director de Conservación de Birdlife International para América.

El primer inventario mundial de IBA marinas representa una importante contribución a la conservación marina y promete ser un recurso clave para el cumplimiento del objetivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica (dependiente de la ONU) de proteger el 10% de los mares antes de 2020.

Las marinas son en la actualidad el grupo de aves con mayor riesgo, con 38% de las 346 especies catalogadas como amenazadas a nivel mundial.

Si bien están ligadas a tierra firme para criar, la protección de los lugares de cría no es suficiente para garantizar su conservación, ya que pasan la mayor parte de su tiempo en el mar, donde obtienen su alimento y se enfrentan a varias amenazas, como la pesca, la contaminación o el desarrollo de infraestructuras, como pozos petroleros o instalación de aerogeneradores.

El petrel de Juan Fernández sólo vive en la isla Alejandro Selkirk. Mide 40 centímetros y hoy está severamente amenazado por la depredación de especies introducidas (gatos y ratas) y, en gran parte, por la pérdida de su hábitat oceánico. Esto explica que el entorno del archipiélago haya sido propuesto como una de las 75 áreas marinas claves que Chile debería resguardar para proteger su biodiversidad ornitológica marina, según el último Atlas en Línea de Conservación de Aves Marinas lanzado el pasado martes por Birdlife International, la principal organización mundial de protección de aves.

La organización creó un mapa virtual (www.birdlife.org) con más de 3.000 lugares marinos en el planeta catalogados como Area Importante para la Conservación de las Aves (AICA o Important Birds Area, IBA, su sigla en inglés) con la idea que el atlas ayude a los gobiernos locales a establecer planes y zonas de protección de estas especies. Por ejemplo, dónde decretar zonas de protección de flora y fauna en el mar o dónde permitir aerogeneradores marinos o exploración de petróleo y gas.

De hecho, el croquis nacional será enviado a las autoridades chilenas (Ministerio de Medio Ambiente, por ejemplo) para que determinen cuándo y cómo utilizar la información proporcionada por Birdlife.

Patricio Ortiz es miembro de Comité Nacional Pro Defensa de la Fauna y Flora (Codeff), organismo que representa a Birdlife en el país, y coordinador nacional del Programa IBAs-Flyways Chile. Junto a diferentes expertos nacionales, Ortiz fue también el encargado de realizar el primer catastro de IBA en el país, que culminó en 2011 y que estableció 176 de estos sitios en Chile. El experto aclara que lo que hizo ahora Birdlife, tomando estudios internacionales y la ayuda de un gran número de especialistas chilenos, es proponer 75 nuevas zonas, pero sólo marinas. “En el caso de Chile, se consideraron las islas que ya habíamos establecidos como IBA terrestres y las ampliaron con diferentes metodologías y modelos de estudios para cada especie, determinando cuánto es lo que necesitan de superficie en alta mar para poder autoalimentarse y alimentar a sus polluelos (zonas de alimentación en alta mar colindantes a sus sitios de cría o descanso). Esto es lo que finalmente termina siendo una IBA marina: una colonia de aves en tierra y mar adyacente que les sirve para alimentarse”, explica Ortiz.

Entre las zonas propuestas destacan los acantilados de Arica, las bahías de Coquimbo y Mejillones, las desembocaduras de los ríos Biobío y Maipo, las islas Alejandro Selkirk, Choros, Damas y Punta de Choros, el Parque Nacional Cabo de Hornos, entre otros.

Para definir estas áreas marinas y terrestres, explica Ortiz, Birdlife estableció varios criterios: que en la zona haya especies amenazadas o un gran número de especies que se congregan en el lugar, o que el área sea una extensión al mar desde colonias de nidificación y lugar donde las aves buscan alimentos, entre otras.

“Lo que se ha hecho en el atlas es proponer una extensión al mar de los límites de la IBA, sobre la base a datos acerca del radio de forraje (zona de alimentación) de las especies que nidifican. Pero también hay nuevos sitios propuestos, sobre todo los pelágicos (alta mar), que han sido identificados sobre la base de un análisis de datos de telemetría de las aves (medición a distancia de su movimientos), principalmente de albatros”, precisa a La Tercera Robert Clay, director de Conservación de Birdlife International para América.

El primer inventario mundial de IBA marinas representa una importante contribución a la conservación marina y promete ser un recurso clave para el cumplimiento del objetivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica (dependiente de la ONU) de proteger el 10% de los mares antes de 2020.

Las marinas son en la actualidad el grupo de aves con mayor riesgo, con 38% de las 346 especies catalogadas como amenazadas a nivel mundial.

Si bien están ligadas a tierra firme para criar, la protección de los lugares de cría no es suficiente para garantizar su conservación, ya que pasan la mayor parte de su tiempo en el mar, donde obtienen su alimento y se enfrentan a varias amenazas, como la pesca, la contaminación o el desarrollo de infraestructuras, como pozos petroleros o instalación de aerogeneradores.

Vía: latercera.com