Columna de opinión: Estallido Social en Chile: Del maquillaje al desnudo

Columna de opinión: Estallido Social en Chile: Del maquillaje al desnudo

Por: Vicente Gómez, Presidente Regional de Los Ríos

El estallido social de octubre de 2019 dejó al desnudo un Chile desolado, golpeado y abusado por el capitalismo neoliberal, un sistema económico, político e ideológico, que ha significado una ventaja para pocos y una desgracia para muchos. Este desequilibrio conllevó al grito desesperado de una sociedad chilena que despertó reclamando su parte de la torta, exigiendo emparejar la cancha y que se garanticen derechos fundamentales. La gente salió a las calles, demostrando con carteles, performances, marchas y vítores, las demandas sociales que son el claro trasfondo de una desigualdad económica y social, que por décadas, ha dañando la dignidad del pueblo chileno.

Desde la transición a la democracia, ningún gobierno ha sido capaz de atender los fallos del sistema, de legislar por el bien común, haciendo sólo oídos sordos a una realidad que lejos de mostrar prosperidad, ha conllevado a la pobreza, el hacinamiento, la precariedad laboral, pensiones indignas, sobreendeudamiento y a la depredación de los recursos naturales, esto por nombrar algunas deficiencias de un sistema que tiene problemas de fondo y no de forma, dejando en evidencia un modelo económico ya desgastado.

El reclamo de los 30 pesos del metro fue el preámbulo para denostar los 30 años de injusticias sociales. Desde ese momento, hay un antes y un después, un Chile que por ahora viaja en una montaña rusa de malas decisiones políticas, tanto por una derecha cavernaria como por una  oposición variopinta, que dejan latente la desorganización, la falta de coherencia y de convicciones. Y aunque todos los sectores políticos dicen interpretar el sentir del pueblo y comprender sus necesidades, a la hora de tomar cualquier decisión se cae en los dogmatismos añejos de décadas pasadas y de un siglo atrás. Los ultras de izquierda y derecha están pegados en los percudidos 70´s y 80´s, la derecha e izquierda que nos han gobernado hasta ahora, se quedaron pegados en los noventas y las generaciones nuevas reproducen el mundo binario del siglo XX.

El escenario político también muestra a una oposición que busca dirigir este gran movimiento ciudadano, para lograr popularidad y reconocimiento, sin embargo sólo obtiene ganancia política de corto plazo, mientras otros buscan imponer modelos más añejos y gastados. Nadie del establishment logra entender por completo que este estallido social es el principio de una revolución cultural y generacional, que no tiene nada que ver con las tradicionales y prehistóricas revoluciones de los hombres barbones y de verde oliva, menos de los ochenteros revolucionarios de poncho y zampoña. Es más bien el origen de las revoluciones del siglo XXI,  con una gran masa de ciudadanos conectados con otros mediante miles de aplicaciones, las 24 horas del día, siendo parte de una conciencia colectiva, sin un prócer o un gran líder, donde la ciudadanía misma es la que interpela al poder, exige soluciones y un cambio al modelo.

La ciudadanía se cansó, no quiere más de lo mismo, sólo quieren vivir en un país donde el Estado sea capaz de asegurar y garantizar el derecho a la salud, educación, vivienda, y con sueldos y pensiones dignas que garanticen una mejor calidad de vida. Asimismo, claman por un modelo de desarrollo sustentable, un estado ecológico, que evite el colapso ambiental y garantice la soberanía alimentaria, mitigue los efectos de la crisis ambiental y que recupere el derecho de Aguas para las personas.

A Chile se le salió el maquillaje, demostrando no ser el oasis de Latinoamérica del que se jactó por tanto tiempo, lo que dejó en la cuerda floja a la clase política y a los grandes conglomerados familiares que dominan la economía del país, debido a la desconfianza de una ciudadanía simplemente golpeada, maltratada y denigrada. La gente ya sabe lo que quiere y ante la incertidumbre del futuro, es claro que sigue el debate y que se asoma un segundo estallido social si no surgen reformas estructurales de la mano de una nueva Carta Magna. Por ahora, lo claro es que si existe voluntad política, visión y liderazgo, se vislumbrará recién, el camino para reconstruir el tejido social.