DECLARACIÓN DE LOS PARTIDOS VERDES DE LAS AMÉRICAS

DECLARACIÓN DE LOS PARTIDOS VERDES DE LAS AMÉRICAS

Cartagena de Indias, noviembre 15 y 16 de 2018 – Colombia

Reunidos en la XIX Sesión Anual de la Federación de los Partidos Verdes de las Américas en la ciudad de Cartagena de Indias, Colombia, y como resultado de una rigurosa reflexión sobre el acontecer de los principales hechos que afectan a nuestras naciones y al conjunto de nuestro continente americano, los Partidos Verdes de las Américas declaramos:

 

  1. Con profunda preocupación registramos el asesinato de líderes sociales y ciudadanos que ejercen libremente sus actividades como representantes de las comunidades o como participantes en las manifestaciones de protesta social, consagradas en nuestras Constituciones Políticas como derecho fundamental e inalienable, el cual señalamos como un acto de intolerancia de las autoridades o la expresión de una sistemática intensión de acallar las voces disidentes de quienes propenden por cambios sociales, económicos o políticos, usando las vías democráticas, más allá de los procesos electorales en los cuales también se participa.

Estamos decididos a denunciar ante las autoridades competentes en nuestros países y ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos esta situación, así como acompañar a nuestros líderes sociales para que se respeten sus derechos fundamentales y especialmente se respete el Derecho a la Vida. No puede ser posible que la respuesta que producen los cambios políticos en nuestros países, cualquiera sea su ideología, tengan como respuestas la violencia, la persecución y el constreñimiento al ejercicio pleno de los derechos a la identidad racial, política, religiosa o de reconocimiento a la diversidad sexual de los habitantes de nuestras naciones.

 

  1. Una realidad que se registra en el mundo de hoy son las migraciones masivas de nacionales hacia otros países, ya como producto de la violencia de las guerras o en la mayoría de los casos en la búsqueda de mejores oportunidades económicas y sociales, a cambio de aquellas en las que viven millones de ciudadanos y ciudadanas en sus propios países.

Nuestros nacionales que migran son gentes de bien que buscan procurarse un presente digno y un futuro decoroso para sus familias. No son ilegales y menos aún pueden ser considerados ciudadanos de tercera categoría o señalados de delincuentes indeseables. Se requiere de una política de fronteras y migraciones concertada entre nuestras naciones, para que pasemos de una trashumancia difícil y dolorosa, a la oferta de condiciones de acceso a los servicios básicos de atención en salud, educación y formalización de su estadía en su nuevo entorno social, para que se acojan sus potencialidades culturales, técnicas, profesionales y económicas, propias de un mundo globalizado, que no puede confundir nacionalismo con xenofobia.

 

  1. Constatamos la presencia de un cáncer que carcome la legitimidad y entereza ética de las instituciones de nuestros países, como lo es la corrupción. Pareciera que el principal propósito de muchos de los políticos es hacerse elegir, incluso por métodos fraudulentos, para llegar a la administración de lo público con planes que les permitan apropiarse de los recursos de todas y todos para su beneficio personal, en contravía a la ley.

En nuestra condición de partidos Verdes, levantamos la voz convocando a las ciudadanías de América, para que lideremos campañas contra la corrupción en cada uno de nuestros países, así como para conformar un frente continental para erradicar todas las prácticas corruptas que hoy ponen en entredicho la legitimidad institucional de nuestras naciones.

Procesos como el adelantado en Colombia a través de la Consulta Popular Anticorrupción durante los años 2017 y 2018, cuentan con el respaldo unánime de los partidos Verdes de las Américas y sirve de estímulo para propiciar nuevos momentos de concertación en nuestra agenda continental.

 

  1. Es de nuestra esencia tener presente siempre la agenda Verde, la agenda por el desarrollo sostenible, la acción permanente en el cambio de prácticas y formas culturales que garanticen un ambiente sano y protegido para la defensa de todas las formas de vida y la responsabilidad de entregar a las nuevas generaciones un mundo que les ofrezca las mejores condiciones para su uso, aprovechamiento y bienestar.

Hoy tenemos urgentemente dos grandes tareas inaplazables. De un lado, el compromiso de adecuar nuestras sociedades, nuestra manera de ocupar los territorios, de consumir, de disponer nuestros residuos, de producir, teniendo en cuenta que debemos adaptarnos al Cambio Climático, que como decimos todos, llegó para quedarse. Pero de otro lado, es indispensable incorporar en las agendas de desarrollo económico de cada uno de nuestros países, la transformación de la generación y uso de energías sostenibles y sustentables. Llegó la hora de hacer el gran cambio hacia las energías limpias y renovables de manera planificada, que permitan la reconstrucción de las fuentes de financiamiento nacional, así como la decisión de promover técnica y científicamente el avance hacia esta transformación energética en la generación y uso de manera masiva e industrial.

Por estas razones, nos declaramos en oposición a la exploración y explotación de hidrocarburos mediante el uso de la técnica de fractura hidráulica o fracking en cualquiera de nuestros territorios, como sustitución o solución a la disminución de las reservas de petróleo. No se puede seguir insistiendo en la economía fósil, cuando desde ya se debe avanzar en la sustitución de la producción de energía termoeléctrica e incluso superar las afectaciones ecoambientales de la energía hidroeléctrica, de forma estratégica y coherente con los retos del nuevo milenio.

 

  1. Finalmente, y como bien supremo de todas las sociedades de la Tierra, insistimos en que la búsqueda y consolidación de la Paz debe ocupar un lugar especial en el pedestal de la democracia en todo el territorio de América y del Mundo. No es posible abordar soluciones eficaces en el ámbito de lo ambiental, en el terreno de la democracia, en la defensa y protección de los derechos humanos, en la consolidación de nuestra responsabilidad ética, en la incesante búsqueda de la equidad y bienestar de nuestros connacionales, si no ponemos nuestros mejores esfuerzos en construir la Paz, de manera franca y duradera en cada uno de nuestros países, en cada una de nuestras sociedades.

En el caso concreto de Colombia, que desde 2016 avanza en la consolidación del acuerdo entre el Gobierno Nacional y las FARC poniendo en marcha los contenidos de tal Acuerdo de Paz, que garantice que se transite hacia un posconflicto creativo y profundo, hoy se hace indispensable dar pasos en firme para insistir en la solución política con el ELN, exigiendo a las partes que se reconozcan como interlocutores válidos, se produzca un cese al fuego y de hostilidades y se determine una agenda concreta y confiable que anime la reiniciación de las conversaciones hasta llegar a un acuerdo definitivo.

Y en los demás países de nuestra América, es urgente posponer cualquier solución de facto a lo que debe resolverse por la vía política y diplomática, realizando los cambios que incorporen las voces disidentes que legítimamente reclaman nuevas realidades democráticas y mayor participación en las decisiones en cada uno de sus países.

 

Para los Partidos Verdes de las Américas, hoy es un gran momento para la Paz, la Democracia, la Vida y la Naturaleza, pues este esfuerzo pequeño desde Cartagena de Indias se suma al inmenso clamor por un Mundo mejor para todas y todos.