El consumo rebelde: volvamos al granel

El consumo rebelde: volvamos al granel

 

En la cultura de los indios navajos se necesitan menos de 300 elementos para vivir. En cambio, en el modo de vida occidental, en una casa de un país “desarrollado” hay un promedio de 10 mil elementos cuando perfectamente la familia podría vivir con sólo 2.500. Por este motivo y con el objetivo de volver a vivir bajo los límites biofísicos del Planeta, necesitamos disminuir drásticamente nuestro consumo. Está bien reciclar; mejor aún es reutilizar, pero realmente lo que necesitamos es reducir nuestra dependencia de los bienes materiales.

Una encuesta realizada en España en 2015 por la empresa de marketing MyWord detectó el surgimiento de una nueva categoría de consumidores, los “consumidores rebeldes”. Se trata de personas que están dispuestas a transgredir la obediencia debida a la sociedad de consumo en contraposición a la tan publicitada Responsabilidad Social Empresaria (RSE) que promueve sólo un “consumo consciente” e informado pero que no cuestiona al sistema empresarial mismo.

Nos atreveríamos a afirmar que la posibilidad de que la vía de la simplicidad (o el decrecimiento progresivo) se convierta en una alternativa realizable dependerá en gran medida del resultado de esta nueva confrontación que comienza a vislumbrarse: entre el consumidor rebelde que piensa en reducir sus compras y el consumidor que se limita con su elección a premiar o castigar el comportamiento de las empresas”.

Los “consumidores rebeldes” son aquellas consumidoras y consumidores que rechazan a las empresas que mantienen la sociedad de consumo, que se fijan -más que en la calidad de sus productos o servicios- en las buenas o malas prácticas, en su comportamiento y su compromiso con la sociedad y el medio ambiente en el cual desenvuelven su actividad económica. Los consumidores rebeldes son los que prefieren los productos sin marca, los que compran en comercios de segunda mano, intercambian bienes y servicios, participan en compras colectivas, aspiran a practicar el “prosumo” (es decir, producir ellos mismos los bienes a consumir), desean tener su propia energía renovable, usan bicicleta o movilidad compartida pública o privada… En fin, buscan autonomizarse del mercado y no depender de él para proveerse de sus necesidades fundamentales.

En un poco tiempo más, a medida que avanza la crisis socioambiental que es producto de estar viviendo sobre los límites biofísicos del Planeta, la confrontación en el consumo que vivimos actualmente se irá trasladando desde el consumidor controlado por la publicidad como sucede hoy en día, hacía el “consumidor consciente y responsable” que, con su elección, exige cambios a las empresas. Al mismo tiempo, el desplazamiento seguirá hacia una nueva confrontación, mucho más radical, entre los “consumidores conscientes” y los que desean directamente prescindir de los bienes y servicios provistos por estas empresas que sostienen la sociedad de consumo, es decir, los “consumidores rebeldes”.

 

Por: Manuel Baquedano M.  Sociólogo de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Fundador del Instituto de Ecología Política

Publicado en “PODER Y LIDERAZGO”, 11 de octubre de 2018.