ES PELIGROSO SER ECOLOGISTA

ES PELIGROSO SER ECOLOGISTA

Los apuñalamientos a tres mujeres ocurridos el pasado  miércoles 25 de julio en el acto de finalización de la marcha convocada para exigir un aborto libre, seguro y gratuito, en el centro de Santiago, más las contramanifestaciones expresadas en barricadas y otros ataques, demuestran una vez más que quienes luchan por  igualdad de derechos y beneficios sociales se exponen a la violencia de intereses corporativos o de sectores conservadores.

 

Defender el medio ambiente también es peligroso.

 

En el año 2016, la hondureña Berta Cáceres se transformó en un símbolo, en la cara más visible de las decenas de personas, activistas, que han muerto por defender su tierra y los recursos naturales, enfrentándose a poderosas empresas multinacionales, grupos de poder e intereses partidistas.

 

Hace un par de años, en agosto de 2016, la conocida ambientalista mapuche Macarena Valdés fue encontrada colgada con una cuerda en el techo de su casa ubicada en Panguipulli (región de Los Ríos) por lo que siempre se creyó, se había suicidado.

 

Sin embargo, su familia no aceptó esa tesis y denunció que se trataba de un asesinato generado en el marco de una lucha que estaba llevando a cabo la comunidad contra el proyecto hidroeléctrico de la compañía austríaca RP Global y la empresa chilena de distribución eléctrica Saesa.  Una autopsia independiente   encargada al médico forense Luis Ravanal desestimó la tesis de suicidio levantada por el SML, pero no se ha reabierto la causa.

 

En el pasado año 2017, Global Witness documentó 207 asesinatos de defensores y defensoras de la tierra y del medio ambiente: personas comunes y corrientes asesinadas por defender sus bosques, ríos y hogares contra las industrias destructivas. Esto representa seis asesinatos más que en 2016, por lo que es el peor año del cual se tiene registro.

 

A medida que la cantidad de asesinatos aumenta, algunos gobiernos, empresas y organizaciones intergubernamentales han empezado a reconocer la gravedad de la situación. Pero su discurso y sus promesas aún tienen que traducirse en políticas convincentes y cambios concretos, con el resultado de que las personas defensoras siguen temiendo por sus vidas.

 

Brasil es el país con más activistas medioambientales asesinados durante 2017 entre 22 países, según un estudio publicado por Global Witness.

 

“Los datos indican que en 2017, 57 activistas fueron asesinados, 25 de ellos durante tres masacres. (…). En vez de tomar medidas para prevenir estas atrocidades, el Presidente Michael Temer ha suavizado las leyes y ha debilitado las instituciones destinadas a protegerles”, anunció la ONG británica.

 

El reporte informa que en los países estudiados, el sector del agronegocio se situaría como el más peligroso, seguido del sector minero.

 

Después de Brasil, los países con más muertes serían Filipinas (48), Colombia (24) y México (15).

 

Según Global Witness los activistas medioambientales se encuentran en la primera línea del campo de batalla para defender intereses comunes de toda la humanidad: sostenibilidad, biodiversidad, justicia y preservación de los derechos humanos.

 

La ONG responsabiliza a los distintos gobiernos por las muertes al afirmar que han fallado en su actuación “responsable, ética y legal”, e invita a los consumidores a demandar de las empresas que estas no abusen de los derechos humanos en la producción de bienes, que no destruyan la cultura o actúen en pro de la devastación medioambiental.

 

Es peligroso ser ecologista, pero no es un peligro que paraliza…

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