SALMONICULTURA EN CHILE:  HISTORIA DE DAÑOS SOCIOAMBIENTALES Y COMPLICIDAD DE AUTORIDADES

SALMONICULTURA EN CHILE: HISTORIA DE DAÑOS SOCIOAMBIENTALES Y COMPLICIDAD DE AUTORIDADES

DECLARACIÓN PÚBLICA

En abril del presente año, la industria salmonicultora se felicitaba a si misma porque en la temporada  2017  produjo 828.000 toneladas de salmón, y destacaban que “somos el motor de la economía sur-austral del país y tenemos un importante efecto entre las regiones de La Araucanía y la de Magallanes”.

Sin embargo, esta industria es una de las más destructoras del medio ambiente. Cuando aún no se extinguían los ecos del desastre de la marea roja y el vertimiento al mar de 9 mil toneladas de salmones muertos autorizadas por Sernapesca el año 2016; en octubre de 2017 aconteció el hundimiento del wellboat Seikongen, en el sector de Pilpilehue, comuna de Chonchi, provincia de Chiloé, con 100 toneladas de salmones que todavía se mantienen en sus bodegas.

Ahora, se reporta el escape de 900 mil salmones de la empresa Marine Harvest en el sector de isla Huar, en el mar interior de Chiloé. Esto se suma a una serie de incidentes menores que demuestran que este “motor económico” funciona a costa de los ecosistemas marinos de nuestros territorios.

Estos hechos, reiteran la apreciación y denuncia que el Partido Ecologista Verde de la Región de Los Lagos ha manifestado desde hace años: la industria salmonera no es sustentable, y cada vez más se transforma en inviable.

Desde sus inicios, este sector productivo ha generado considerables efectos asociados a la contaminación de las aguas, transformaciones en el paisaje y alta demanda por biomasa pesquera (destinada principalmente a la alimentación de salmones), sobrecarga del sistema marino producto de fecas, alimentos no ingeridos, descomposición de peces muertos, además de una utilización desmedida y sin control de antibióticos y químicos.

No se trata solamente de un impacto ambiental, porque también ha traído profundos impactos sociales, con cambios culturales y afectando los ecosistemas donde conviven comunidades humanas.

Los beneficios mencionados en las primeras líneas van para el bolsillo de las empresas. Los daños, los pagamos todos los ciudadanos de la región y el país.

Se necesita  que esta industria intensiva,  permitida por un modelo de desarrollo extractivista y primario-exportador que no considera las características propias de los ecosistemas de los diversos territorios, garantice que es capaz de  fiscalizar y recuperar constantemente los impactos que va generando en el medio ambiente y la comunidad. No tener esa capacidad, lo declara inviable como modelo de desarrollo para la Región de Los Lagos.

Más ahora, en la situación de crisis que viven los recursos marinos, 900 mil salmones depredando las especies nativas, constituyen otro desastre ambiental en potencia. La industria debe transparentar las características de las especies fugadas, aclarar sin son aptas para consumo humano, explicar qué mecanismos empleará para evitar que esta situación se repita, y garantizar que su desarrollo futuro, se inscribe dentro de lo mínimamente aceptable en el aspecto de sustentabilidad.

El salmón se mantiene como una de las especies introducidas más dañinas para los ecosistemas del país. A ello, se suma la irresponsabilidad y complicidad de las autoridades con las falencias de la industria.

PARTIDO ECOLOGISTA VERDE

Directiva Región de Los Lagos

Julio de 2018