…Y ese mar que tranquilo te baña…

Leo

Por: Leonardo Gutiérrez. Comunicador social y Consejero Nacional de Los Lagos

Mientras el mar de Chile ha sido entregado al poder económico de siete familias, la contaminación afecta todas las provincias y, la falta de fiscalización demuestra que la pesca ilegal ha generado el negocio del tráfico de harina de pescado, en nuestro país tiene lugar la segunda Conferencia “Nuestro Océano” este 5 y 6 de octubre.

Un evento con figuras del ámbito académico y político precisamente para alcanzar soluciones a la captura ilegal y protección de la biodiversidad marina. Recordemos que Chile se comprometió en la Primera Conferencia a adherir al Acuerdo de Naciones Unidas sobre Poblaciones de Peces Transzonales y Altamente Migratorios de 1995; crear e implementar una nueva Política de Combate a la Pesca Ilegal; y, finalmente, organizar la segunda versión de Nuestro Océano.

Sin embargo Chile está en deuda con su mar. La llamada pesca ilegal no sólo corresponde a los excesos de biomasa que se extraen más allá de la cuota asignada legalmente para cada armador, sino también por usar artes de pesca no autorizados o extraer la pesca en zonas no autorizadas.

Derrames de petróleo, o el proyecto del emisor de riles en Mehuín, el agotamiento de especies o su migración por el cambio climático, los efectos de termoeléctricas tipo Bocamina, son botones de muestra de la diversidad de problemas. La contaminación marina afecta también al borde costero, ya que es en las playas donde va a parar el 15 por ciento de los desechos. El panorama no es alentador

El objetivo central del encuentro es alcanzar soluciones para enfrentar la pesca ilegal, la contaminación marina por plástico, la acidificación del océano y su relación con el cambio climático. También se buscará incentivar la creación de áreas marinas protegidas como herramientas para proteger el ecosistema marino.

Para Chile hay desafíos como incorporar buenas prácticas y metodologías para dar sustentabilidad a los recursos naturales. Un servicio como Sernapesca debe recuperar la función de llevar el control directo de desembarques con sus propios funcionarios, debidamente empoderados en su ejercicio de control, y no traspasarlo a terceros o empresas privadas, que hace más fácil ejercer presiones indebidas sobre los inspectores y funcionarios.

Además, se debiera propiciar entre las organizaciones laborales y empresariales involucradas en la pesca, una suerte de “cultura ética” de autocontrol entre sus miembros, y que sean ellos mismos quienes sancionen a sus pares si éstos no cumplen los reglamentos y regulaciones.

También, se debería hacerse público (en función de la transparencia social) los nombres de empresarios y/o personas naturales que están detrás de todas estas acciones ilegales. Los delitos que se denuncian no son de responsabilidad unipersonal, sino de un conjunto de personas que actúan de modo coordinado para obtener el máximo de beneficio económico posible.

Hace unos meses, la directora general de la UNESCO, Irina Bokova recordó que el océano “no es un recurso como los demás, sino el que hace posible todos los demás” y consideró “esencial” la acción de gobiernos y autoridades, pero también de asociaciones ciudadanas y de la comunidad científica.

Además de producir “la mitad del aire que respiramos, cerca de 3.000 millones de personas dependen directamente de él para alimentarse”, añadió.

Los chilenos no podemos seguir considerando el océano como nuestro basurero natural, y en Conferencias como la de estos días, se debió haber considerado una mayor participación de la ciudadanía, y no ser meros espectadores lejanos.