Presupuesto de la Nación y Nuestro Capital Natural

ALFREDO SFEIR YOUNIS (Cho Tab Khen Zambuling)

Uno de los actos cívicos más importantes de una nación es la asignación presupuestaria de los recursos que le pertenecen a todos los chilenos. Curiosa y paradojalmente, es en este proceso donde no nos envolvemos directamente para nada.  Nadie nos consulta al respecto. Todo el proceso es como una caja de pandora: nadie sabe lo que contiene hasta ser aprobado.  Y aun, después de ser aprobado, hay que tener un doctorado para entender lo que allí se dice y como se dice, o para captar las implicaciones que cada ítem aprobado tiene en relación a nuestras vidas cotidianas.

En este sentido, dejamos que aquellos que hemos elegido como “lideres” –particularmente a los poderes del Ejecutivo y Legislativo—nos “representen” de una forma eficiente y veraz.  Se supone que ellos nos representan.   Hay más de mil decisiones presupuestarias detrás de este complejo proceso y documento que nunca han sido sometidas a una participación, apelación, o consenso de la ciudadanía. Es esta una democracia?  Para mí, esta manera de definir el presupuesto de la nación es una de las señales más nítidas que no vivimos en una democracia participativa.  En mi opinión, el presupuesto debe ser aprobado dentro de un proceso altamente participativo y transparente, a todos los niveles posibles.  Un lema debería ser: “El gobierno propone pero es  el pueblo quien dispone (decide)”.

Y para que esto algún día pueda suceder, el presupuesto tiene que ser escrito de una forma, y con un nivel de detalle tal, que TODOS puedan entenderlo.  Leyendo el presupuesto para el 2012 (pasado), me di cuenta que era imposible hacer grandes análisis ya que la información es exageradamente agregada.

En mi experiencia profesional, ya de varias décadas, me he convencido que de todas las políticas que hoy están a disposición de una nación –política monetaria, de comercio, cambiaria…– la más importante para la persona de la calle es la política fiscal.  Y es dentro de esta política fiscal donde se encuentra enraizado la formulación, negociación y ejecución del presupuesto de la nación. Ciertamente, y hay que decirlo, la política fiscal es la que más influye en los patrones de equidad ciudadana y en la capacidad que tenemos para alcanzar un desarrollo sustentable.

Pero, hay que notar con énfasis, que los dineros asignados por el presupuesto, no solamente tienen un carácter sectorial (ej., los que van a la salud, educación, agricultura, industrias, energía), o un carácter programático  (ej., para construir casas, para becas de estudiantes universitarios).  Estos también tienen un carácter ‘persona’ (ya que estos fondos, finalmente, van a individuos o grupos de personas, o empresas).  Estas no están claramente expuestas en el presupuesto, pero uno puede intuir adelantadamente quienes se benefician, dada la estructura y propiedad de cada sector.  Si, por ejemplo, los recursos financieros van a la construcción e infraestructura, sabemos a quienes va su mayor parte.  Si va al sector pesquero, también lo sabemos.  Obviamente, que hay ítems donde es difícil saber con anterioridad. Es decir, cuando se hace un análisis del presupuesto de la nación debemos también encontrar la “cara” o las “caras” que este tiene. Antes que el presupuesto del 2013 sea aprobado, es importante adelantarse y participar, ofreciendo una serie de preguntas e inquietudes que, eventualmente, podría formar parte de las negociaciones entre el gobierno y los parlamentarios.

Hay, y por supuesto habrá, muchas “lecturas” del nuevo presupuesto para el 2013.  Pero, por el momento mis preguntas son cinco:

I.      ¿Cuánto del presupuesto de la nación va a ir directamente a beneficiar a nuestros pueblos originarios (mapuches, aimaras…), pescadores artesanales, pequeños productores agrícolas, pequeños comerciantes, las dueñas de casa, los de la tercera edad, los profesores rurales, los jóvenes, y los niños?

II.     ¿Cuanto del presupuesto será asignado para aumentar la felicidad, disminuir todas las formas de estrés, aumentar la seguridad, expandir las oportunidades, y asegurar el empoderamiento de cada uno de nosotros?

III.  ¿Cuánto del presupuesto de la nación va a ser asignado a la recuperación, manejo y reproducción de nuestro “capital natural” (ej., ecología, medioambiente humano y natural, servicios y bienes ambientales)?

IV.     ¿Cuáles son los impactos medioambientales negativos que van asociados a las partidas (gastos) presupuestarias (lo que supondría poner a este presupuesto nacional del 2013 bajo la lupa de su impacto ambiental)?

Y, algo que puede ser interpretado como políticamente incorrecto,

V.      ¿Quiénes son las personas naturales o jurídicas que se quedan (apoderan, benefician) con la mayor parte de los recursos que pertenecen a todos los chilenos?

Los objetivos esenciales que están detrás de estas preguntas son dos: uno, la posibilidad de que este presupuesto tenga un impacto más equitativo, y otro, la posibilidad de que como nación alcancemos las metas de una sociedad sustentable.  Ambos objetivos tienen una dimensión humana fundamental.

Si los objetivos no se hacen explícitos en este debate presupuestario, es muy difícil saber si el presupuesto está realmente “calibrado” en relación a lo que todos los chilenos queremos de nuestros recursos.  Es de esperar que no solamente primen los intereses partidistas de los que están negociando el presupuesto de la nación.  Esos intereses partidistas no necesariamente reflejan lo que la mayoría de los chilenos quiere (ya que los que pertenecen a partidos políticos son muy pocos) como objetivos finales del ejercicio fiscal.

Es importante llamar a la ciudadanía a participar activamente en este proceso, y exigirle al gobierno que provea la información necesaria que demandan las condiciones de las comunidades.  Por el momento, prima un enfoque apatronado, de arriba hacia abajo, y con casi cero consulta ciudadana. Además, me parece importante que las 5 preguntas enunciadas anteriormente sean materia de un debate nacional abierto ya participativo, dentro del cual el gobierno aporte la información necesaria para lograr algo acabado, serio y beneficioso para todos.

Llegó el momento en que tenemos que adoptar procesos democráticos, de consulta y de consenso nacional alrededor del presupuesto de la nación.  Demandemos un proceso altamente participativo.